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Posturas de yoga

Cuerpo se llama el templo. En el presente artículo es nuestra intención acercar al lector ciertas consideraciones fundamentales al momento de pensar el tema posturas de yoga.

Se trata, sin dudas, de uno de los aspectos más esenciales de la milenaria disciplina, siendo que la práctica vive y se desarrolla, precisamente, en la ejercitación de estas formas de la disposición corporal. Para más detalles de los aspectos que aquí abordaremos a nivel general, recomendamos la lectura de nuestro artículo Asanas Yoga.

 
 

Para principiantes o expertos

Consideraciones iniciales.

Las posturas de yoga, junto con las técnicas de respiración que las complementan, constituyen el origen del camino. Así, estrictamente hablando, no es posible avanzar hacia los aspectos más profundos y espirituales de la milenaria disciplina si no se ha logrado un mínimo de dominio sobre las disposiciones físicas que constituyen -por decirlo de algún modo- el "equipamiento previo" para poder zambullirse en el océano de la mente.

En este sentido, es de vital importancia señalar que en las posturas de yoga no hay nada que se logre a través de la fuerza del practicante. No se trata aquí de levantar pesas, ni de exigir al músculo de ninguna otra manera en particular. ¡Es por eso que hablamos de posturas! No se busca tanto "hacer algo" sino, antes bien, descubrir la disposición natural y propia de la persona. Y aún más, porque a diferencia de las prácticas corporales mas conocidas en occidente (la gimnasia rítmica, por ejemplo) la milenaria disciplina privilegia el trabajo del cuerpo quieto por sobre los movimientos dinámicos.

"¿Pero cómo es esto posible?", preguntará el lector, "¿Cómo puede hablarse de una actividad física en la que se prescinde del movimiento?" Pues bien, la respuesta a este interrogante esencial se estructura sobre los tres lineamientos generales que exponemos a continuación.

La gravedad, fuerza universal.

La gravedad es una de las cuatro fuerzas fundamentales que la ciencia física reconoce como existente a nivel universal (las otras son el electromagnetismo y las nucleares fuerte y débil). De este modo, la gravedad está presente en todo. ¿En el mosquito? Está la gravedad. ¿En los océanos? Está la gravedad. ¿En los planetas? Está la gravedad. ¿En el sol y demás estrellas del cosmos, en los agujeros negros, las galaxias y las nebulosas? Está la gravedad. ¿En el espacio vacío? De acuerdo a lo que revelan observaciones recientes, ahí también, está la gravedad. Y ya que esto es así, ¿qué podemos decir de esta fuerza omnipresente en relación a la práctica de las posturas de yoga?

Partiendo de lo anterior, la propuesta de la milenaria disciplina consiste en buscar y descubrir la disposición corporal natural de la persona, que permita no oponer resistencia a la fuerza de gravedad, sino por el contrario -esto es lo clave: dejarla fluir libremente por el cuerpo para poder beneficiarse de su presencia, permitiendo que sea ella quien actúe dinámicamente, acomodando cada músculo, órgano y hueso en su justo lugar. Porque, desde esta perspectiva, mucho de lo que afecta a la salud del físico humano se debe a un "enfrentamiento" provocado por la disposición de los músculos, los órganos y los huesos que -como si se tratara de un río bloqueado en su cauce- se resisten en vano al poder de la gran fuerza madre.

La respiración, un movimiento propio.

En líneas generales, las propuestas de entrenamiento físico propias de occidente no consideran a la respiración como un movimiento en sí, poniendo su énfasis, antes bien, en la dinámica muscular. De manera distinta y complementaria, vista la cuestión desde la perspectiva de oriente -que es la que a nosotros nos ocupa aquí- la propuesta pone su norte en la respiración como movimiento fundamental del desarrollo físico, dejando al resto del cuerpo la práctica constante de posturas que -de acuerdo con lo visto en el punto anterior- privilegian lo quieto y estable por sobre lo dinámico y cambiante.

En consecuencia con lo que venimos exponiendo, es de gran importancia destacar que cada una de las posturas de yoga implica, necesariamente, una contraparte de ejercitación dinámica que, en este caso, no está en el traslado de los brazos y las piernas, ni en el esfuerzo de los músculos, sino en el ir y venir, suave y sosegado, de la respiración conciente.

 

Quitar lo malo más que agregar lo bueno

 

Por último, queremos señalar que las posturas de yoga distinguen su estrategia de las propias del entrenamiento físico occidental partiendo de la base de que, para encontrar y sostener la salud, es preferible despojar al cuerpo de aquello que la sobra antes que agregarle aquello que aparentemente le falta.

En este sentido, no se trata de hacer abdominales para tonificar la panza, ni pesas para robustecer los bíceps, ni correr en una bicicleta fija para ejercitar el sistema cardiovascular. Antes bien, la práctica cotidiana de las posturas de yoga tiene por intención ir despojando al cuerpo de sus contracturas y bloqueos, acercándolo, amigándolo paso a paso con su naturaleza propia, sobre la que está constituida su verdad y, de ahí en más, toda su paz y bienestar.