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Yoga para principiantes

En el presente artículo queremos compartir una guía de recomendaciones útiles para aquellos que, despiertos ya al deseo de la práctica, se han acercado -o están prontos a hacerlo- a sus primeras experiencias en el Yoga.

Se trata, así, de compartir algunos consejos (si se nos permite la palabra) de Yoga para principiantes, entendiendo que las referencias que a continuación exponemos pueden ser de gran utilidad.

 
 

Consideraciones sobre el maestro

-No se puede aprender Yoga sin la guía de un maestro: Esto es lo propio de cualquier técnica, por un lado y, más aún, lo propio de todo camino espiritual. Porque si bien reina en la boca cotidiana aquella frase -en gran medida cierta- que dice: "Tú eres tu propio maestro", lo cierto es que para acceder a "ese maestro que tú mismo eres para ti mismo" debes encontrar antes, necesariamente, un maestro fuera de ti.

Es por esto que hablamos de maestro y no de profesor, siendo que un profesor es alguien que se limita a profesar lo que sabe sobre un tema, mientras un maestro -de manera muy distinta- no hace más que guiarte, desde su entendimiento y experiencia, en rumbo a ti mismo, hacia ti mismo, hasta ti mismo.

-No se puede aprender Yoga siguiendo únicamente la guía del maestro: Esto es lo que cualquier buen maestro, especializado en Yoga para principiantes, podrá decirte sin ningún titubeo. Así, es necesario que lo que ejercites en clases puedas luego llevarlo a la quietud de tu propio hogar, para experimentar, jugar, profundizar en aquello que de antemano te ha sido instruido, señalado.

De hecho, lo que estrictamente llamamos "práctica" -y si el Yoga no es una práctica entonces no es nada- es aquello que tú mismo pones en movimiento cuando el guía no te está mirando, cuando el corrector mira para otro lado. De este modo, retomando la frase anunciada más arriba, decimos, inicialmente: "Cuando el maestro no está, tú eres tu propio maestro".

-Un maestro es bueno en la medida que, inicialmente, no fuerce al alumno a seguir una intensidad y un ritmo demasiado exigentes: Y esto es fundamental. No se trata de "matarse en las primeras clases, así se avanza más rápido", porque esto es, sin más ni menos, un error para la vida y, de ahí en adelante, para todo lo demás. No se trata de exigir, ni de esforzar, ni de forzar, ni de nada que tenga que ver con la fuerza. Se trata, antes bien, de "ir entendiendo cómo se hace". ¡Entendiendo! ¿Entiendes? Entiende y la fuerza será justa, oportuna, suave.

No olvides, por otro lado, que aquí estás trabajando con tu cuerpo. No es un lienzo, sobre el que puedas hacer lo quieras y después, si no te gusta, lo tiras a la basura. ¡Es tu cuerpo! ¿Entiendes? Trátalo con respeto. Aunque en el pasado o el futuro te traiga ciertas molestias, ciertos dolores. Reconoce que sin él -sin tu cuerpo- no habría quién sienta molestia o dolor y, por lo tanto, nadie que quiera dejar de sentirlos.

-Un maestro es bueno si, con el avanzar de la práctica, se van apreciando los avances: Sin importar cuán eminente o reconocido sea tu maestro en el mundillo de los Yoguis famosos; si pasado un tiempo -que tú mismo deberás evaluar- no aprecias avances en la práctica, déjalo y búscate a otro.

Eso sí, ten en cuenta que cuando hablamos de "avances" no hablamos de "frutos". Porque los avances son algo que tiene que ver con entender qué se está haciendo, hacia qué se está yendo, ¿entiendes? Los frutos, por otro lado, son aquello que el entendimiento posibilita. Por eso, mientras reconozcas los avances, no te preocupes por los frutos, que ya llegarán.

Consideraciones técnicas:

-No exijas la elongación de tu musculatura: Cuando practiques las Ásanas -que son las posturas de Yoga- presta mucha atención a no forzar el estiramiento de tus músculos. Esto es fundamental, primero, para cuidar tu integridad física y, segundo, porque es muy fácil entender que si hay exigencia y esfuerzo no hay elongación.

La elongación es un movimiento que busca -esto es lo fundamental- ser sostenido. Elongar, de hecho, no es más que sostener un movimiento, de forma suave, consciente, hasta el punto donde puedes comenzar a sentir cierta incomodidad (nunca dolor). Así, parte de esta premisa obvia, propia del más sano sentido común: "Si duele, es malo".

-No forzar la estructura ósea: Para empezar, no te metas con tus huesos. Si en el Yoga para principiantes un mal llamado maestro te propone trabajar con la posición de tus costillas flotantes, tus vertebras, o cualquier estructura ósea, atiende lo que te digo y vete de allí.

El trabajo que va directamente sobre el esqueleto de la persona está estrictamente reservado para practicantes muy avanzados, genuinos Yoguis, que ya han sido capaces de trascender conceptos tales como "dureza" y "fuerza"... En fin, no es tu caso.

 

La respiración es fundamental

 

Mucho se equivoca quien piensa que en el Yoga para principiantes, o para avanzados, o para lo que fuere, la respiración es secundaria a la corrección de las posturas físicas. De hecho, si tuviéramos que establecer una prioridad -en verdad no tenemos- es más bien al revés.

La corrección de las Ásanas sirve para que, al respirar atentamente, el oxigeno circule de distintas maneras por el cuerpo, fortaleciendo su estructura y fisiología, interactuando certeramente con la conciencia del practicante. Ya verás, si te ejercitas, como solo se necesita que el aire llegue a donde hasta ahora no había podido llegar, en ti, para que logres tener acceso a emociones dormidas, sueños reveladores, análisis de claridad prístina… En fin, a lo que en verdad eres.