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Yoga para niños

La práctica del Yoga no es necesaria, sino que es deseable. Esto que aquí decimos es fundamental a la hora de abordar la temática del Yoga para niños, siendo que nuestra experiencia nos ha dado conocimiento de numerosos casos en los que los padres, practicantes ellos mismos de esta milenaria disciplina, quieren introducir en la misma a sus pequeños, lo antes posible, suponiendo que eso significará una ventaja en la vida de los futuros adultos.

Pues bien, está suposición, con sus luces y sombras, requiere de un cuidado análisis que, a continuación, compartimos con ustedes.

 
 

Análisis del tema

Yoga para niños, por el no.

Como hemos dicho en otras oportunidades, el Yoga es una práctica espiritual que, como tal, solo puede encontrar su genuino origen en el deseo de quien, reconociendo que se desconoce a sí mismo, comienza un camino que gradualmente lo vaya acercando a quien verdaderamente es. Sin esa claridad en el deseo, que aquí queremos acentuar, no hay tal cosa como una práctica espiritual y, por lo tanto, no hay Yoga. De este modo, los padres corren el peligro de interpretar el Yoga como algo que "se hace con el cuerpo y queda en el cuerpo". Así, pueden llegar a creer que, sin importar ninguna otra cosa, quien practica las posturas y las respiraciones ya está en el camino, y en el futuro -cuando sea más grande- no podrá menos que profundizar aquello que en su más tierna niñez le fue tan estratégicamente inculcado.

Pero el Yoga no es un camino lineal y, menos aún, una repetición automática de poses memorizadas. Cada postura -que no es lo mismo que pose- requiere del mas corajudo compromiso del practicante y, sin dicho compromiso, los ejercicios están tan lejos de tener sentido como una ejecución neurótica de acordes lejos de ser una sinfonía. Además, estrictamente hablando, no existe algo que podríamos llamar Yoga para niños, y otro algo que podríamos llamar Yoga para ancianos, o Yoga para embarazadas, y así sucesivamente con cada una de las etapas y circunstancias que hacen a la vida humana. Porque el Yoga es uno-mismo (si bien, como veremos en otros artículos, existen distintas escuelas).

Lo que aquí advertimos no es más que decirle al padre que gusta del piano que no quiera forzar a su hijo a tocar el piano, o a la madre actriz que no quiera forzar a su hijo a actuar. ¡Y lo que vale para la música y el teatro mucho más vale para el Yoga! No se trata de discursos que los padres quieran hacer penetrar en la mente de sus adorados hijos. No se trata de: "mañana no puedes ir a jugar con tu amiguito porque a las cuatro de la tarde, llueva o truene, tienes clases de Ashtanga Yoga con la profesora Bala". Si hay algo que los caminos espirituales tienen de propio es la imposibilidad de imponerlos desde afuera. Porque un hombre que juega mucho al ajedrez tendrá quizás más oportunidades de llegar a ser un buen ajedrecista, u otro que juega a las damas oportunidades de llegar a ser un mujeriego, pero nuestra experiencia nos dice que no por mucho practicar posturas y respiraciones alguien tiene más chances de llegar a ser un Yogui.

Yoga para niños, por el sí.

Los niños ven en lo profundo, siendo que su capacidad de entender no está todavía apegada a las palabras y los discursos. Así, solo si el niño entra en contacto con algún practicante genuino, que disfruta de las bondades de una paz propia, conquistada día a día sobre la base de un compromiso entusiasta, que no puede menos que hacerse manifiesto en la voz, en los movimientos del cuerpo y la conducta toda. Solo en este caso, decimos, nuestra experiencia nos demuestra que más temprano que tarde el niño se acercará voluntariamente a los mayores para preguntar con avidez: "¿Qué es eso que tal o cual persona hace con el cuerpo?" Y ahí, sin más, la respuesta será exacta, natural, diciendo: "Yoga". Solo entonces -si bien hemos dicho que no hay tal cosa como un Yoga para niños- ocurrirá que sí habrá la posibilidad de un niño para el Yoga.

Y lo decimos otra vez, porque aquí está lo fundamental: No hay Yoga para niños, sino la posibilidad de un niño para el Yoga. Y enfatizamos la palabra "posibilidad" porque el hecho de que un niño se interese por algo no quiere decir que después, inequívocamente, vaya a ser capaz de sostener un compromiso con eso que despierta su interés.

 

Recomendación importante

 

En el caso de la instrucción para niños que por propia inquietud se han acercado a la práctica del Yoga, recomendamos que se le preste particular atención al correcto seguimiento de las pautas de respiración, preponderando estas por sobre la corrección de las posturas físicas (que de ninguna manera debe abandonarse sino, simplemente, pasar a ocupar un papel secundario).

Esto descansa sobre la base de que la respiración constituye el aspecto menos espectacular de la disciplina y, por lo tanto, aquél que conlleva un mayor grado de intimidad. O, por decirlo de otra manera: Mientras las posturas cambian, van y vienen, la respiración es aquello que queda, dejando una huella profunda y beneficiosa.