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Yoga Iyengar

Yoga Iyengar es una forma de Yoga, fundada y dirigida por el maestro Bellur Krishnamachar Sundararaja Iyengar. Porque ocurre, con la milenaria disciplina, lo que es común a todos los grandes caminos espirituales: En la medida que su historia se acrecienta -y en el caso del Yoga hablamos de varios miles de años- se van conformando distintas interpretaciones, distintos modos de enseñar y aprender.

Vale la pena destacar -y en esto queremos hacer hincapié- que no ha sido el maestro Iyengar quien le puso nombre a la escuela que él practica y enseña, sino sus alumnos. Esto nos parece muy importante a la hora de recordar lo que nosotros creemos y repetimos: No hay muchos Yogas, sino uno-mismo. Después, son los practicantes, quienes al reunirse se reconocen y diferencian entre sí, los que prefieren denominarse seguidores de tal o cual escuela, de tal o cual Gurú.

 
 

Propuestas de ésta disciplina

Los seguidores del Yoga Iyengar se caracterizan por considerar que la esencia del Camino se encuentra en la práctica de la atención. Es decir, no se trata tanto de hacer, sino de hacer sabiendo lo que se hace. Así, cuando se ejecuta una Ásana, debe entrenarse la conciencia sobre… Presta atención a esto: ¡No tanto sobre la Ásana en sí, sino sobre la conciencia que se tiene de la Ásana!

¿Ves esto que te queremos señalar? No se trata de la conciencia de lo que se hace, sino de la conciencia de la conciencia (un paso más atrás). Es decir: preguntarse a cada momento no: "¿qué estoy haciendo?", sino más bien: "¿soy consciente de lo que estoy haciendo?" Y confiamos sepas ver la diferencia, lector, porque una cosa es, por ejemplo, mover la mano y decirse "estoy moviendo la mano", y otra es indagarse a sí mismo diciendo, primero: "sí, ya sé que estoy moviendo la mano", y preguntando, inmediatamente después: ¿cuán consciente soy de que estoy moviendo la mano? Así, para formalizar lo que decimos; una cosa es prestarle atención al objeto y otra es prestarle atención a la propia atención de ese objeto.

Siguiendo con lo anterior, ocurre que el practicante de Yoga Iyengar, al querer enfocar la atención sobre su propia atención -y no sobre las cosas que atiende- descubre que está ante un ejercicio realmente difícil. ¿Por qué?, cabrá preguntar. Pero nosotros repreguntamos: ¿Cómo puede el hombre, que nació hombre y siempre es hombre, llegar a saber lo que es ser hombre? O quizás sea mejor recordar aquél dicho popular que reza: "los árboles no nos dejan ver el bosque".

Porque ocurre que la conciencia siempre está tomada por las cosas de que es consciente y nunca llega a ser consciente de sí misma. O también: ¿No te ocurre, lector, que cuando levantas la cabeza para ver un cielo medio nublado lo primero que tus ojos enfocan son las nubes; sus formas, su movimiento e, incluso, como se parecen a tal o cual figura de la tierra? "Esa nube parece un perro", decimos, y también: "aquella otra se parece a un gato"… El cielo, permanece siempre atrás.

Práctica:

En la práctica concreta del Yoga Iyengar la atención sobre el ir y venir de la respiración constituye un aspecto esencial. Esto es así porque inhalar y exhalar es una forma de despejar la conciencia de las cosas que la ocupan. O, mejor dicho: Priorizar, de entre todas las cosas que ocupan la mente, aquello que la ocupa todo el tiempo e, incluso, de forma inconsciente.

Así, esta ejercitación de "poner en segundo plano lo que suele estar primero" (las cosas) y "traer al primero lo que lisa y llanamente no suele estar" (la respiración) constituye un forma de "sacudir" la forma en que opera por lo general la conciencia del sujeto, para ir acercándolo lentamente a la mente en sí (la cognición pura).

Por el lado de las posturas y los movimientos, el Yoga Iyengar constituye una forma de práctica avanzada, no tanto por la complejidad de sus Ásnas, sino por el hecho de que es necesario resistir la incomodidad durante un tiempo relativamente prolongado. Es decir: No estará practicando Yoga Iyengar quien en las elongaciones se canse rápidamente. Porque las mencionadas "incomodidades" -nunca el dolor, que es incluso su opuesto- constituyen otra de las formas de "sacudir" la conciencia normal, adormecida, inundada por las cosas del mundo, que se le vienen sin más encima.

 

Consejos para los inexpertos

 

Siguiendo la línea de artículos anteriores no queremos dejar de decir, por último, que el Yoga Iyengar no es -a nuestro entender- la mejor alternativa para aquél que por primera vez se acerca a la milenaria disciplina.

Porque si bien en la mayoría de las grandes urbes occidentales pueden encontrarse buenos maestros de esta escuela, lo cierto es que para poder sacar fruto de ella habrá que tener algún tipo de experiencia con las Ásanas fundamentales. Incluso en las propias instituciones que dictan clases de Yoga Iyengar, lo más común es que el recién ingresado tenga que hacer una introducción antes de pasar a las enseñanzas del maestro.