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yoga integral
 
 
 

Yoga integral

Es nuestra intención aproximarnos aquí a la consideración del Yoga integral.

Entendemos por esta expresión aquella que quiere poner de manifiesto a la milenaria disciplina como una propuesta global, que aúna aspectos propios de una terapia física y psicológica a la par que, profundizando, constituye la puerta de entrada a un verdadero camino espiritual, capaz de transformar la conciencia y la percepción de quien lo sigue.

 
 

Una propuesta de terapia física

La primera aproximación al Yoga integral deberá poner de relevancia su capacidad de transformar -para beneficio- el físico del practicante, acercándolo paulatinamente a la contextura y disposición que le es propia. Esto entendiendo que, a lo largo de la vida de la persona, la suma de las malas conductas posturales va apartando al cuerpo de aquello que lo constituye en su realidad. Así, no debe considerarse a la milenaria disciplina de la misma manera que, por lo general, se consideran los entrenamientos típicos de occidente (el gimnasio, por ejemplo), siendo que mientras el segundo busca "agregar cosas" al cuerpo (musculatura y resistencia) la primera procura, por el contrario, "quitarle" todo aquello que lo separa de su propia verdad.

Si bien -como hemos postulado en otros artículos- el Yoga integral permanece siempre como uno y el mismo, lo cierto es que su larga historia y tradición han marcado en él algunas escuelas que ponen énfasis en tales o cuales aspectos de su práctica. De este modo, pensando en la variable física, no dudamos en señalar que será aquél denominado Hata Yoga el que permita al sujeto explorar y ejercitar mejor su cuerpo, preparándolo de manera adecuada para luego, en la medida de sus deseos, acercarlo a la consideración de otras posibilidades (que presentamos a continuación).

Una propuesta de terapia psico-emocional.

Lo que en occidente se sabe "de oído" al respecto de la milenaria disciplina suele pasar por alto que se trata de una práctica compleja, destinada no solo a beneficiar el cuerpo de quien la ejercita sino, también, su estructura psíquica y emocional. En este sentido, y siguiendo con las consideraciones fundamentales de un Yoga integral, es nuestra intención enfatizar que dicha preconcepción occidental yerra gravemente en lo que postula, quitando luces a aquello que constituye, sin duda, uno de la puntos más fuertes de la milenaria disciplina.

La ejecución -sostenida en el tiempo- de las distintas posturas, movimientos y técnicas de respiración no son una ejercitación cuyos frutos queden exclusivamente en el físico de la persona. Pensando en esto no estará de más mencionar -y quien lo desee podrá profundizar- los ya numerosísimos experimentos de la medicina occidental que han puesto de manifiesto la profunda interrelación que existe entre las patologías físicas y las de tipo psíquico-emocional. Así, por solo mencionar un ejemplo, descubrirá quien se acerque a la milenaria disciplina que todas la llamadas "emociones aflictivas" (ira o celos, entre otras muchas) están relacionada con un patrón muy definido de flujo de la respiración. Ponlo a prueba tú mismo, lector, y observa en medio de un ataque de celos si eres capaz de sostener una respiración tranquila, en la que el aire entre y salga de tus pulmones de una manera constante y fluida. Consecuentemente, la propuesta del Yoga integral se eleva, al respecto de esto, sobre el norte de ejercitar cotidianamente ritmos bien definidos de respiración conciente que, entre otras cosas, liberen el sujeto de semejantes extravíos sentimentales.

Por lo que a las alternativas concretas respecta, escuelas tales como el Yoga Kundalini, o también el Iyengar, constituyen opciones muy recomendables a la hora de plantear un camino estratégico de pacificación interior, atentos a la posibilidad de acceder a una mejor calidad de vida, más coherente y funcional a las inmensas capacidades que todo ser humano lleva innatamente consigo.

 

Un camino espiritual

 

El Yoga integral no encuentra el techo -por así decirlo- en su capacidad concreta de transformar física, psíquica y emocionalmente a la persona que lo practica, sino que, aún más, puede constituirse -para aquellos que se sientan inclinados a abordar su potencialidad más profunda y definitiva- en una verdadera experiencia de transformación de la percepción y la conciencia o, lo que es decir lo mismo: en un camino espiritual. La ejercitación asidua de las distintas posturas, movimientos y técnicas de respiración -si nos atenemos a su norte fundamental- es preparar al sujeto para que sea capaz de acercarse a la meditación analítica y contemplativa sin tener que sufrir las molestias o el cansancio que invaden a aquellos que, carentes del entrenamiento físico adecuado, eligen zambullirse directamente en el mar de la mente.

Desde otra perspectiva, y por último, no podemos dejar de mencionar al Ashtanga Yoga como aquella -ya no escuela, como las anteriores, sino- estructura que constituye el verdadero sustento formal de la milenaria disciplina. De esta forma, complementando la meditación con un genuino código ético, el practicante encontrará un poderoso camino de trascendencia al adormecimiento propio de un mundo que, inicialmente, mantiene al sujeto apartado de su verdadera esencia y capacidad.