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Hata Yoga

Ejercita tu cuerpo y encontrarás el camino que lleva a tu respiración. Ejercita tu respiración y encontrarás el camino que lleva a tu cuerpo. Ejercita el cuerpo y la respiración; llegarás a encontrar la sabiduría.

En el presente escrito es nuestra intención adentrarnos primariamente en aquél tipo de la milenaria disciplina que -como hemos dicho en otros artículos- representa la mejor alternativa para iniciarse en la práctica. Hablamos, así, del Hata Yoga.

 
 

Perspectiva general

El Hata Yoga ocupa su lugar en el tercer punto de los Yoga Sutras del sabio indio Patanyali, que fue quien sentó, de forma primera y original, las bases de un verdadero camino espiritual. Se trata aquí, más precisamente, de la ejercitación asidua de las Ásanas, que son las posturas a través de las cuales el practicante va ganando conciencia de su cuerpo y mente, preparándose para llegar a experimentar, luego, el gozo indecible de la experiencia meditativa. Así, al hablar de Hata Yoga, nos referimos en realidad a una práctica del tipo preparatoria, que no tiene por norte quedarse en sí misma sino, todo lo contrario, acercar al sujeto a la verdadera contextura de su cuerpo para luego, desde allí, entregarlo a la profundidad de la meditación contemplativa.

Lo antedicho constituye, entonces, uno de los principales pilares sobre los que se yergue la milenaria disciplina, entendiendo que no es posible acercarse a las experiencias del tipo espiritual -transformadoras de la percepción y la conciencia del sujeto- si antes no se desarrolla la contextura física adecuada. Porque en la mayoría de las tradiciones orientales, en general, y en el Yoga, en particular, no se plantea la existencia de una escisión entre cuerpo y espíritu. Esto no quiere decir, desde luego, que se piense que una y otra cosa son exactamente lo mismo, sino que se aprecia la necesidad de trabajar el primero para poder alcanzar y desarrollar el segundo.

Un Yoga para iniciarse.

Dejando de lado las consideraciones de tipo filosófico, o incluso las religiosas, que son propias de otros aspectos o escuelas de la milenaria disciplina, el Hata Yoga levanta su propuesta partiendo de la realización de los ejercicios (Ásanas). Así, se trata de ponerse "manos a la obra", evitando muchas de las trampas que una excesiva teoría puede implicar al comienzo de un camino eminentemente práctico.

Necesidad de encontrar un maestro.

Decir que el Hata Yoga constituye la alternativa más apropiada para acercarse por primera vez a la milenaria disciplina no debe interpretarse -de ninguna manera- como la posibilidad de aprenderlo "solo, en casa".

Para el correcto desarrollo de este camino resulta inevitable la necesidad de encontrar un maestro que pueda guiar al alumno desde los propios conocimientos y experiencias. De hecho, la práctica de las Ásanas sin la instrucción de un guía puede llegar a resultar peligrosa, en tanto muchos de sus ejercicios se enfocan en la constitución misma de la columna vertebral. Lo mismo puede decirse de las técnicas de respiración, que no darán sus jugosos frutos si no se ejecutan de la manera apropiada.

Una práctica de la respiración.

El conocimiento "de oído" que sobre la milenaria disciplina existe en occidente hace creer a mucha gente que el Yoga es, exclusivamente, una práctica de la postura y los movimientos. Pues bien: eso es un error. La ejercitación versa no solo en la atención sobre los músculos y la estructura ósea de la persona, sino también sobre su respiración. Tanto es así, que quien al momento de ejecutar las Ásanas no lleve su conciencia a la respiración, no estará practicando Yoga.

Un camino gradual.

No se trata aquí de ir a una clase de Hata Yoga -o a diez- y matarse para "ponerse en forma". En la milenaria disciplina no existen los resultados rápidos, puesto que se trata de un camino en el que no se puede avanzar si antes no se ha estabilizado el paso anterior. Así, la ejercitación deberá se sostenida en el tiempo, confiando que eventualmente se podrán disfrutar unos frutos mucho mas generosos y duraderos que en la práctica de cualquier otra disciplina física.

 

Posibilidades a futuro.

 

Como dijimos en un principio, y queremos volver a enfatizar, la ejercitación propia del Hata Yoga no tiene por intención terminar en sí misma. De esta forma, aquél que desee luego profundizar en una propuesta espiritual como, por ejemplo, la meditación contemplativa o, incluso, acercarse a religiones tales como el hinduismo o el budismo, podrá hacerlo sobre la confianza de saber que su constitución física está correctamente preparada para asimilar las experiencias que conducen a la transformación de la percepción y la conciencia.

Éste es, por sobre todo, el gran valor del Hata Yoga, lo que no quiere decir, desde luego, que no sea así mismo beneficioso para aquél que, lejos de interesarse por filosofías, religiones y caminos espirituales, quiera adentrarse simplemente en una actividad física integral, que conlleve ventajas apreciables no solo para el cuerpo, sino también para las emociones.