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grupo yoga
 
 
 

Grupos de yoga

En lo que sigue es nuestra intención acercar al lector algunos aspectos que consideramos imprescindibles para abordar el tópico grupos de yoga.

Se trata, así, de poder echar luces sobre aquello que consideramos más relevante, aportando consejos que provienen fundamentalmente de nuestra propia experiencia como practicantes y maestros.

 
 

Para comenzar con ésta actividad

Introducirse en un grupo de yoga constituye, sin lugar a dudas, la más recomendable de las alternativas para iniciarse en la práctica de la milenaria disciplina. Las razones para esto encuentran fundamento en la posibilidad que se tiene de seguir a un maestro, por un lado, y de tener compañeros de camino, por otro (aunque no menos importante). Porque no hay mejor estimulo que aquél que parte de nuestros propios pares, a la vez que se van absorbiendo y asimilando las enseñanzas del guía. En este sentido, ya sea en la consideración del ejercitante novato, del intermedio, o incluso del semi-avanzado, la posibilidad de recorrer las enseñanzas junto a otras personas es una de las formas más efectivas de resistir las auto-criticas, tan propias de cualquier emprendimiento humano cuyo norte es la trasformación definitiva de la realidad del sujeto.

Consideraciones para el alumno.

Abordando el tema desde la perspectiva de quien desea aprender, es recomendable que la elección de un grupo de yoga siga ciertas pautas generales que eviten al recién iniciado algunas posibles decepciones, muy comunes en los orígenes de una disciplina tan compleja y profunda.

En primer lugar, es importante decidirse -en la medida de las posibilidades- por un lugar donde se encuentren practicantes que estén nivelados con el propio desempeño. O lo que es decir lo mismo: Desaconsejamos a quien recién se acerca a la milenaria disciplina aceptar las propuestas que propongan una integración con alumnos muy avanzados. La importancia de esto radica en la posibilidad de llegar a conformar un grupo de trabajo único, no fragmentado de acuerdo al desempeño de sus distintos integrantes. Porque la idea fundamental es que en un grupo de yoga se puedan reconocer distinciones, sí, más no diferencias.

Por la palabra "distinciones" entendemos todo aquello que hace a las particularidades únicas e irrepetibles de cada ser humano. Así, por más que dos personas se encuentren en un nivel similar de entrenamiento, podrá ocurrir naturalmente que aquél demuestre más facilidad para ciertas posturas -por ejemplo invertidas-, mientras que el otro se sienta más a gusto ejercitando las técnicas de respiración en la "Flor de loto".

Desprendiéndose de lo anterior, relacionamos la palabra "diferencias" a las desigualdades de perspectiva y compromiso que cada persona pueda tener en relación a la milenaria disciplina, de acuerdo a sus experiencias de práctica previas y sus ganas de profundizar, o no, en la propuesta de un camino espiritual. En este sentido, por ejemplo, poco apropiado resultará encontrar en la ejercitación a un ama de casa que quiere practicar porque le duele la cintura, con un estudiante de filosofía adolescente, interesado en las cualidades cognitivas de la meditación analítica y contemplativa.

A la par, vale la pena recordar que la elección de un grupo de yoga será, si todo va bien, aquella que permita desarrollar a la persona relaciones que -las más de la veces- trascenderán con mucho el aspecto único de la práctica. Hablamos, sin más ni menos, de amigos que puedan reconocerse en una experiencia mutua de transformación beneficiosa. En este sentido, podemos asegurar que nada resulta más estimulante para la ejercitación que un cariñoso y genuino compartir-la.

Por último, entrando en la consideración de Yoguis intermedios o semi-avanzados, nos parece relevante señalar la importancia de tratar de dejar atrás un grupo de yoga cuya finalidad se encuentre exclusivamente en la práctica de las Ásanas. Para ello, la mejor alternativa será procurar el acercamiento a un espacio de trabajo que pueda poner de manifiesto las propuestas de la milenaria disciplina en tanto camino espiritual, trascendiendo ya los aspectos netamente físicos y posturales.

 

Para el maestro

 

Por lo que respecta a la cantidad de asistentes a un grupo de yoga, nuestra experiencia como maestros nos permite afirmar que el número cinco es el que cuenta con más beneficios. "¿Por qué?", se preguntará con justa razón el lector. Pues bien, respondemos:

-Un discípulo y su maestro no constituyen un grupo.

-Dos discípulos suelen competir uno contra otro, aunque más no sea a nivel inconsciente, lo que perjudica el progreso.

-Tres discípulos pueden transformarse en dos discípulos juntos más otro discípulo aparte.

-Cuatro discípulos constituyen un grupo que deja poco espacio para la sorpresa, y suele ocurrir que se nuclean en subgrupos de dos.

-Más de cinco discípulos hace difícil la conexión interpersonal de los practicantes, pudiendo conllevar al asilamiento de alguno de ellos (lo que es altamente perjudicial no solo para el que se aísla sino, también, para todos los demás).

Un grupo de yoga de cinco discípulos, por otro lado, cuenta con todas las ventajas de la estabilidad del número cuatro, pero agregando un elemento más, que pueda servir a modo de variable de desequilibrio ante la eventualidad de un estancamiento.