Recomendar
Compartir

colchonetas para yoga
 
 
 

Colchonetas para yoga

Hasta que con los frutos de la práctica llegues a entender que en realidad nada hay que sea duro, no estría mal pensar en colchonetas para Yoga.

En el presente artículo nos acercamos, así, a la consideración de un implemento que facilita la ejercitación de la milenaria disciplina, pero dejando en claro, desde ahora, que el mimo no es más que una ayuda pasajera o, como dice la enseñanza: "igual que un bote, que deberá ser abandonado cuando se haya cruzado el río".

 
 

Una buena colchoneta

En realidad, si pensamos en el practicante que recién se acerca a las posturas y movimientos, no negamos que las colchonetas para Yoga constituyan un soporte importante, siendo que muchas de las Ásanas serían demasiado arduas de encarar si tuvieran que ejecutarse, por vez primera, sobre la dureza del piso. Por lo tanto, acercamos al lector las siguientes recomendaciones que, no dudamos, serán de gran utilidad:

Que la colchoneta no sea demasiado blanda: Esto es lo primero y fundamental, porque si al practicar te hundes sobre una base demasiado mullida, descubrirás que encuentras más resistencias que ventajas a la hora de ejercitar, siendo que el equilibrio (aspecto esencial de toda postura) se ve beneficiado por un soporte estable, un poco duro, y no uno laxo e indefinido.

Así, recuerda que si bien no se trata de sentir dolor -y en eso la colchoneta ayuda- no se trata tampoco de escapar a toda incomodidad, porque en dichas incomodidades es donde se esconde mucho de lo que tienes para ganar en el dominio de tu propio cuerpo. No busques, por lo tanto, practicar un "Yoga sobre las nubes": blandas, espumosas, confortables. El Yoga es de aquí, de la tierra, y las pequeñas molestias -nunca dolor- que puedas sentir al practicarlo no son más que aquello que todavía debes transitar para descubrir que la naturaleza de la realidad no es exactamente la que tú piensas.

Que la colchoneta no se mueva: Se trata de un aspecto muy importante al momento de pensar en colchonetas para Yoga, porque los ejercicios requieren que el ejecutante pise suelo firme y no una especie de "alfombra voladora", que al terminar la postura lo haya movido varios centímetros del lugar en el que comenzó.

Para evitar este tipo de inconveniente, sugerimos colocar una membrana gomosa debajo de la colchoneta, lo que garantizará una resistencia al movimiento del practicante, permitiendo, así mismo, lograr la tracción necesaria para la consecución de las Ásanas. Porque en la milenaria disciplina es mucho lo que hay que aprender de la imperturbable quietud del piso. Y si ese piso se ve transformado de pronto en una "arena movediza", se perderá una valiosa enseñanza.

Que la colchoneta sea la suficientemente grande: Si vamos a comprar colchonetas pata Yoga, es necesario considerar que deben ser capaces de contener en su superficie la totalidad del cuerpo del practicante, siendo que muchas de las posturas ejercitadas no son correctas si, sobre la base en que se las practica, hay desniveles (si parte de los brazos, las piernas o los pies, salen de la colchoneta y caen al suelo).

En vista de los consejos anteriores que, sabemos por experiencia, son importantes, recomendamos utilizar colchonetas más bien finitas y, a la vez, hechas de una cobertura fácil de lavar, puesto que no pocas veces habrá que acercar la cara a ellas. Por lo demás, recomendamos que las colchonetas para Yoga se apoyen sobre suelo firme y no sobre el pasto o la arena, por ejemplo (si se está sobre alguno de estos dos tipos de suelo se puede, simplemente, prescindir de las mismas).

Si bien el mercado de hoy en día se ofrecen alternativas pensadas especialmente para el practicante de la milenaria disciplina, creemos que de nada sirve entrar en el juego de marcas pre-determinadas: Mientras las colchonetas para Yoga cumplan los requisitos enunciados arriba, será suficiente.

 

Trabajando sobre las incomodidades

 

Por último, no queremos dejar pasar la oportunidad de cerrar el presente artículo volviendo sobre lo que se dijo al principio. No se trata de evitar las incomodidades, sino de evitar el dolor. Porque mientras el dolor bloquea por completo la atención de la persona, a la par que la desanima a continuar ejercitándose, las incomodidades alientan a seguir trabajando para lograr una mejor elongación, un mejor tono muscular, una más clara conciencia del propio cuerpo. Porque el dolor -y esto es muy importante- se manifiesta cuando el sujeto se esfuerza, violentamente, por querer ser lo que no es, mientras que la incomodidad, por el contrario, se presenta mesurada y manejable, capaz de abrir la percepción y conquistar nuevos espacios físicos y cognitivos.

Así, no salgas a buscar "la colchoneta perfecta para ti", sino que deja, mejor, un pequeño margen a la imperfección, a la incomodidad y a todo aquello que, lejos de dolerte o hacerte sufrir, no hará más que recordarte que tienes algo que ganar, una verdad que desconoces, y te espera. …para cómoda, está la cama, y el Yoga no es para dormir, sino para despertar.