Recomendar
Compartir

asanas yoga
 
 
 

Asanas del Yoga

El presente artículo, en el que pretendemos acercar al lector algunas consideraciones esenciales sobre el tópico asanas del Yoga, constituye una continuación directa del otro titulado Yoga posturas, en el que abordamos, desde una perspectiva general, aquello que constituye el principio fundamental de la milenaria disciplina.

Aquí, entonces, tenemos por intención entrar en el detalle, señalando y comentando aspectos específicos de la práctica concreta.

 
 

Dos Asanas clave

Visto y considerando que existe una gran cantidad de asanas del Yoga, y que sería una exageración pretender abordarlas todas aquí, a nivel estrictamente referencial y teórico, consideramos preferible limitarnos a comentar, en primera instancia, una de las posturas capitales a la hora de pensar en prácticas preparatorias, mientras que, en segundo lugar, nos extenderemos un poco más en los comentarios propios de la Asana tradicional conocida como la "Flor de Loto".

Antes que nada, y para evitar malos entendidos al momento de la lectura, es importante señalar que las expresiones asanas del Yoga y la otra, Yoga posturas, deben considerarse como sinónimas. En ambos casos hablamos de una ejercitación cuyo énfasis está puesto, no en los movimientos del cuerpo sino, por el contrario, en la quietud del mismo, atentos al deseo de encontrar -en dicha quietud- la disposición física propia, irrepetible y única de cada practicante. O, como también suele decirse: Las asanas del Yoga son una propuesta de volver al propio cuerpo, despejándolo de todo aquello que lo aparta de sí mismo.

Una postura preparatoria

Dentro de la gran cantidad de asanas del Yoga existentes encontramos un grupo fundamental que -desde la tradición clásica de la milenaria disciplina- recibe el nombre de "posturas invertidas". Hablamos, así, de un conjunto también muy amplio de prácticas de la disposición corporal, donde la propuesta operativa es que la persona trabaje básicamente sobre el eje vertical, como si permaneciera parada, salvo que -esta es la pequeña diferencia- todo el peso del cuerpo debe reposar sobre la parte superior de la espalda y/o el cuello.

A su vez, dentro del grupo referido de "posturas invertidas", encontramos una en particular, de características esénciales y que constituye, en gran medida, la puerta de entrada desde la que se accede a la ejercitación de todas las demás. Se trata de una Asana conocida con el nombre de "La Vela".

La propuesta operativa de "La Vela" es que el ejecutante se extienda a lo largo del eje vertical, elevando los pies hacia lo alto (tratando de tocar el cielo, como se dice) para desplegar todo el largo de su cuerpo. De acuerdo a lo dicho anteriormente, el peso del cuerpo debe descansar sobre la parte superior de la espalda o -en los casos más avanzados- el cuello.

Resulta imprescindible señalar que se trata de una de las asanas del Yoga para cuya iniciación se requiere la instrucción de un maestro, ya que su mala ejecución puede conllevar a serios problemas en la columna vertebral.

La práctica de "La Vela" tiene por norte, en primer lugar, equilibrar la disposición de los músculos, huesos y órganos de la persona gracias a los efectos positivos de este verdadero "estar parado al revés". Funciona permitiendo que la gravedad revierta los deterioros físicos de las contracturas y demás bloqueos derivados de una mala cultura postural, que se padecen sobre todo al momento de estar sentado, dormir e, incluso, caminar. En segundo lugar -para aquellos que se interesan por la milenaria disciplina en tanto camino espiritual- la ejercitación asidua de esta Asana prepara y mantiene al cuerpo apto para lograr acceder a una practica meditativa estable, no perturbada por agotamientos físicos y, por lo tanto, mentales.

La postura del Buda

La postura conocida con el nombre de la "Flor de Loto" representa, de entre todas las asanas del Yoga, aquella se constituye como la síntesis culmine de toda la milenaria tradición. Hablamos, ni más ni menos, que de la disposición corporal que podemos apreciar en cualquier escultura o imagen del Buda meditando. Es decir: la postura perfecta.

Si bien la "Flor de Loto" es una Asana que se practica fundamentalmente al momento de sentarse a meditar (lo que suele ocurrir después de que se ejercitaron todas las demás posturas), no debe entenderse por ello que se trata de una disposición corporal impropia o ineficaz al momento de pensar en beneficios para el cuerpo. Por el contrario: Si esta Asana es la elegida al momento de "zambullirse en el océano de la mente" (ya que la meditación constituye el momento más alto en la práctica de la milenaria disciplina) es porque sus beneficios a nivel corporal son máximos.

 

Sus puntos fundamentales son los siguientes

 

Primero: La espalda bien derecha.
Segundo: Las piernas cruzadas de modo tal que cada uno de los pies quede mirando hacia arriba, reposando sobre el muslo de la pierna opuesta (esto suele llevar varios años de entrenamiento y se puede empezar colocando la pierna derecha delante de la izquierda).
Tercero: Las manos sobre las rodillas y los brazos flojos.
Cuarto: Los hombros abren el pecho, auque sin hacer fuerza.
Quinto: La vista al frente o, inicialmente, enfocada apenas hacia abajo.
Sexto: El cuello apenas inclinado hacia delante, formando una especie de gancho pequeño con el resto de la espalda, lo que ayuda a enderezar naturalmente la postura.
Séptimo: La punta de la lengua debe encontrarse con el paladar superior.

Por lo demás, es posible pestañar y tragar saliva de forma natural, ya que nada en esta Asana se logra por medio del esfuerzo. Así mismo, recomendamos al ejecutante que, al momento de iniciarse, no se siente directamente sobre el piso, sino que lo haga sobre un almohadón u otro soporte mullido no demasiado alto, lo que será beneficioso al momento de pensar en una práctica prolongada.