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Agni Yoga

¿Ves el fuego, vivo en todo lo que es? En las siguientes líneas queremos acerar a nuestros lectores algunas consideraciones esenciales, referidas a una de las síntesis de integración más interesantes que se han desarrollado en los últimos tiempos.

Todo en estrecha conexión con las enseñanzas tradicionales del hinduismo, el budismo y otros muchos caminos espirituales. Hablamos, ni más ni menos, que del Agni Yoga.

 
 

En sanscrito la palabra "agni" quiere decir "fuego"

Antes que nada consideramos fundamental aclarar que nos encontramos aquí, no en la exploración de una tradición espiritual en sí, o analizando las características de alguna escuela particular de Yoga, sino ante una cosmovisión integradora, sintética, de origen relativamente reciente. Por lo que refiere a su nacimiento, el Agni Yoga proviene de las enseñanzas del artista ruso Nicholas Roerich y su esposa, Helena Roerich, quienes hacia los años de la década del 20 mantuvieron un contacto permanente con antiguas enseñanzas provenientes de la India y la región del Tíbet.

Cómo su propio nombre pone de manifiesto, el Agni Yoga tiene por eje central al elemento "fuego", considerándolo no tanto desde su esencia como fuente de calor, sino desde aquella que lo caracteriza como luz disipadora de las tinieblas. En este sentido, encontramos una cosmovisión que se caracteriza por adecuarse a la interpretación de las fases, propia de la tradición hinduista más antigua. En ella, se postula que la tierra se prepara para ingresar a una nueva era, que será conocida como el "reino de la luz", o también "Satya Yuga", mientras se aleja de su contraparte oscura, "Kali Yuga" o "reino de la tiniebla".

Por lo que respecta a sincronías con las enseñanzas budistas -fundamentalmente en su tradición tibetana-, el Agni Yoga profetiza que el acercamiento al "reino de la luz" se debe a que el mundo se prepara para recibir "bajo el cielo" a la nueva manifestación de Buda, conocida y denominada con el nombre "Maitreya". Así, esta nueva aparición de Buda será la que -haciéndose accesible en un mundo que ha olvidado su contacto directo con lo eterno/trascendente- vuelva a dar giro a la rueda del "Dharma", que es "El Camino" que conduce a la iluminación.

Diferencias con la tradición.

En su carácter de cosmovisión integradora, el Agni Yoga se diferencia de la tradición netamente hinduista (conocida como Ashtanga) por favorecer -en primera instancia- la exploración de técnicas tales como la aromaterpia y la alimentación Ayurveda, mientras que -en segundo lugar- se aparta del camino puramente budista proponiendo un alejamiento de la vida monástica que permita al practicante integrarse plenamente con el mundo activo.

Lo anterior no quiere decir -de ninguna manera- que se dejen de lado las ejercitaciones esenciales de la espiritualidad oriental (posturas y meditación, fundamentalmente), sino que, por el contrario, se señala y enfatiza la necesidad de ponerlas en estrecho contacto con otras alternativas de exploración de la conciencia, propias de la cultura europea (sin descartar, por ejemplo, las técnicas de hipnosis). De este modo, encontramos una verdadera propuesta de integración entre las partes oriental y occidental del mundo; una síntesis interesante de caminos espirituales y religiones que, durante miles de años, permanecieron separados unos de otros.

El puente entre oriente y occidente.

De acuerdo a lo profetizado por los fundadores y seguidores del Agni Yoga, el pronto advenimiento de la nueva manifestación de Buda "bajo el cielo" está en estrecha relación con el acercamiento que en los últimos años se ha dado entre las dos tradiciones religioso-espirituales más importantes de la historia humana. Esto es: La tradición de La Verdad en tanto Cognición (o también podríamos decir "Conciencia", aunque no es exactamente lo mismo), propia del mundo oriental (hinduismo, taoísmo, confucianismo y budismo), y la tradición en tanto La Verdad cómo Voluntad de Dios (judaísmo, cristianismo, islam).

En este sentido, el nuevo Buda histórico será quien, a diferencia de cualquier otra persona que se ilumina (un buda con minúscula y no histórico, digamos) manifieste de manera acabada la interrelación inescapable entre las enseñanzas del "Cómo", propias del oriente, y las enseñanzas del "Qué", propias del occidente.

 

Advertencias para evitar el misticismo extraviado

 

La propuesta de una integración definitiva del mundo, que deje de lado sus diferencias religiosas, constituye indudablemente una de las aventuras más interesantes que se puedan considerar. Sin embargo, se hace verdaderamente importante señalar que en semejante camino de exploración profunda asechan no pocos peligros reales, entre los cuales podemos contar -sin lugar a dudas- con el llamado "delirio místico", que es una de las tantas formas de sufrimiento y locura. En este sentido, recomendamos al lector extremar todas las precauciones al momento de acercarse a propuestas de integración tan ambiciosas y colosales, desconfiando, antes que nada, de personas que se auto-proclamen como maestros ascendidos, iluminados, omniscientes, etcétera.

Incluso por el contario, creemos que la mejor forma de recorrer el camino que lleve a la concreción de una cosmovisión genuina-mente integral y sintética es acercarse, por lo menos inicialmente, con humildad y hambre de conocimiento, a las instituciones más tradicionales y características de cada una de las grandes religiones (templos, mezquitas, iglesias, sinagogas y demás). En nuestro caso -siendo que nuestra misión es acercar al lector a la práctica asidua del Yoga clásico- no haremos más que repetir lo dicho en todos los artículos anteriores:

La Verdad no necesita que la busquen. ¿Deseas tú, lector, buscar La Verdad? Pues entonces, antes de partir, ten a bien atender a la preparación. Empieza por conocer tu cuerpo y tu respiración. Practica las posturas y las técnicas iníciales. Luego sí, ve y zambúllete en la fosa más profunda del océano de la mente.