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impaciencia
 
 
 

Impaciencia

De entre las 38 flores de Bach hay una cuya efectividad terapéutica queda definida implícitamente en el nombre que lleva. Hablamos, así, del remedio cuya composición cuenta fundamentalmente con Impaciencia.

Impaciencia es, entonces, el nombre de este elixir y -no es una casualidad- su indicación es pertinente para la cura de afecciones emocionales en las que el sujeto se ve mortificado, precisamente, por la impaciencia.

 
 

Propiedades de ésta flor

Abordando el tema desde una consideración más amplia y general -que versa sobre las características fundamentales de la estructura emocional- la impaciencia es un derivado secundario de un malestar fundamental y anterior que es, a saber: la ansiedad.

Para hablar con propiedad, el tratamiento con este elixir -por sobre cualquiera de las otras 38 flores de Bach- resulta ser el apropiado para la sanación de turbaciones en las que el sujeto no puede "vivir consigo mismo" ya que siente que le falta algo que "está muy pronto a llegar". En este sentido, como se pone de manifiesto, el problema proviene de una variable emotiva relacionada con el tiempo y, más precisamente, con un tiempo que separa a la persona de aquél objeto, o circunstancia, que constituye su mayor anhelo.

Visto y considerando lo anterior, la experiencia observa que el remedio de Impaciencia trabaja desde las "dos orillas" del problema (si se nos permite la poética expresión): En primer lugar, aplica su acción sobre a variable del "tiempo emocional", ayudando a que el paciente pueda enfocarse mejor en su presente. Luego -en segundo término- ayuda a que la ansiedad derramada sobre el objeto o circunstancia del deseo quede apaciguada.

Una semiología del discurso -que nos permita reconocer a los pacientes apropiados para ser tratados con el elíxir de Impaciencia- pone de manifiesto relatos estructuralmente defectuosos, en los que se omite información que resulta imprescindible para el entendimiento cabal del sentido del relato en sí. De esta forma, es como si la persona que habla -ya sea de sí misma o de otros- no quisiera más que llegar al final, considerando como irrelevante todo lo hace al camino que lleva a dicho fin.

 

Por último

 

Cabe enfatizar que hablamos aquí de un remedio apropiado para el tratamiento de personas que sufren por motivo de una fijación de su deseo (sexual, productivo, etc.) en torno a un objeto determinante, sin el cual se sienten sumamente vulnerables.

Se trata -para decirlo del modo más simple- de una suerte de obsesión por "algo" que todavía no es "a la mano" y en donde el tiempo -que distancia a la persona de ese "algo no a la mano"- viene a constituirse como "lo que hace sufrir" (el tiempo queda "cosificado").