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flores de bach
 
 
 

Flores de bach

No eres una flor… eres muchas.

¡Enhorabuena, lector! Celebramos en este artículo central el hecho de que tus ojos estén frente a la pantalla, leyendo éstas, y las líneas que siguen. Porque hay mucho -vaya sí- que desde nuestro jardín queremos compartir contigo. Y decimos "nuestro jardín" entendiendo que sabrás disculparnos. Porque en realidad este jardín no es nuestro, ni de nadie… es de todos.

 
 

Flores para curar

El tema que nos reúne, en esta oportunidad, proviene de los más bellos seres que la percepción conozca. Seres que no son solo para los ojos, sino para el cuerpo entero y, desde ahí, para lo que vive en el corazón. ¡Flores como propiedades para curar! ¡Flores para mezclar! ¡Naturaleza como emociones! No importa en qué estación sea; escribimos con aire de primavera para compartirte la esencia de los tallos, de las raíces, de los pétalos, acercando a tu conocimiento el poder de las flores de Bach.

Para ir entrenado en tema, diremos que flores de Bach es el nombre con el que se designa comúnmente a una variedad de treinta y ocho preparaciones hechas -precisamente- con flores. Luego, por lo que a la parte de "Bach" respecta -no se trata del músico-, hablamos del apellido de su creador, el doctor británico Edward Bach, que fue quien compuso originalmente los treinta y ocho preparados mencionados.

Hablar de flores de Bach significa, en concordancia con lo anterior, hablar de la capacidad que ciertas flores tienen para curar los males de la salud humana, siempre y cuando se respete una integración precisamente determinada de dichos vegetales; una integración enseñada y practicada por el propio Dr. Bach, hace ya casi un siglo. Pero, por fuera del marco propio de la definición formal que hemos presentado arriba -que es indudablemente necesaria-, ¿de qué estamos hablando, en realidad, cuando hablamos de flores de Bach? ¿Hablamos de medicina?

Vayamos por orden:

  • La palabra "medicina" no proviene de latín sino que -lisa y llanamente- es del latín. Así, se trata de la misma palabra en español y en la lengua de los romanos.
  • Profundizando aún más, es importante señalar que la palabra "medicina" quiere decir, simplemente: curar al ser humano.
  • Pero aquí, como no podría ser de otra forma, cabe a su vez preguntar entonces: ¿qué es lo que debemos entender por "curar al ser humano"?
  • Pues bien, desde la perspectiva que a nosotros nos concierne, "curar al ser humano" quiere decir: recuperar la salud de la persona enferma.
  • Pero incluso ahora, que hemos dicho esto, prevalece todavía una pregunta, divergente que se yergue importantísima, y es: ¿Medicina es lo que cura efectivamente al ser humano o, de manera distinta, medicina es lo que tiene por intención la cura del ser humano?
  • Aquí, como ocurre con todo cuestionamiento divergente, no se trata de ver cuál de las dos alternativas es completamente verdadera y cuál completamente falsa. De hecho, si hay una divergencia, es porque en la dos hay algo de verdadero. Veamos entonces, para qué lado se inclina nuestra balanza de alquimistas.
  • En primer lugar, se hace importante señalar que la palabra "medicina" proviene de una concepción antigua que entendía la cura como un arte (la famosa frase: "el arte de curar").
  • Y ocurre que el arte, no siendo ni siquiera "algo", mucho menos puede ser "algo efectivo". Porque el arte no es una "cosa buena", sino "la creación de cosas buenas".
  • Así, en el punto anterior encontramos razones -históricas y filosóficas- que inclinan la balanza en favor de afirmar que la medicina es más bien la intención de curar al ser humano y, no tanto, una cura efectiva del ser humano. Pero hay más.
  • Alejémonos de la historia de las palabras y analicemos aquello que comúnmente implica la medicina en nuestros tiempos.
  • Supongamos que un paciente está muy enfermo y el médico que lo atiende no es capaz de curarlo. ¿Debería entonces ese médico perder su título de médico y, aún más, la profesión entera de su trabajo dejar de llamarse medicina?
  • Y aquí ya no hay escapatoria, puesto que si consideramos a la medicina como una cura efectiva del ser humano entonces sí, el médico tendría que dejar de ser médico y la profesión que practica -con su guardapolvo blanco y estetoscopio- dejar de llamarse medicina (de más está señalar que esto no ocurre).
  • De este modo, nuestra balanza ya se ha inclinado y decimos, basándonos en la realidad, que medicina es todo aquél arte que tiene por intención curar al ser humano (recuperar la salud de la persona enferma).
  • Y sobre la base de lo anterior, ahora sí, podemos pasar a afirmar que las flores de Bach -ya que tienen la intención de curar al ser humano- son medicina.

Pero la secuencia de razones y conclusión precedente no debe llevarnos al error de dejar completamente de lado el tema de la efectividad de la cura, cosa que, por otro lado, señalamos con precisión en el punto 6 de la cadena lógica.

 

Resultados sanadores

 

En este sentido, para que haya medicina tiene que haber no solo intención de curar (que hemos demostrado como lo más importante) sino también resultados concretos que demuestren que la intención de curar tiene las mejores chances de ser coronada con el éxito. Porque si no, bien podría ocurrir que cualquier persona, para curar la jaqueca de su vecino, por ejemplo, le parta un palo por la cabeza para después limitarse a decir: "lo que hice fue estrictamente medicinal ya que mi intención era curarlo". Por otro lado, mientras la persona con el palo en la mano dice esto, a su vecino ya no le duele la cabeza, no porque fue curado, sino porque está muerto.

¡Bienvenidos entonces a nuestra sección de artículos referida específicamente a las flores de Bach! Una sucesión coherente de textos en la que estaremos aportando muy buenas razones para creer en la eficacia de esta forma desconocida -ergo injustamente maltratada- de medicina.